Ella:
¿Te acuerdas cuando te decía que no me amabas? ¿Que yo no era para ti?
Él:
Sí, ¿por?
Ella:
¿Te acuerdas entonces que jurabas y perjurabas que yo era lo que necesitabas, lo que querías?
Él:
Sí, ¿qué tiene?
Ella:
¿Te acuerdas cuando te llamé mentiroso por no ser capaz de aceptar la realidad? Por no entender que yo no era para ti y que solo terminaríamos haciéndonos daño.
Él:
Vamos, que sí, que me acuerdo y ¿qué pasa con todo eso?
Ella:
¿Ves como yo tenía la razón? Te faltaba crecer, conocerte, de hecho, todavía te falta hacerlo. Serías mucho más hombre si al menos aceptaras que eres feliz ahora, que conoces nuevas personas y nuevas chicas que te hacen feliz. Acepta, al menos, que yo tenía razón. No nos amábamos. Y no era porque yo no amara sino porque ninguno de los dos lo hacía.